Filosofía sí, incluso para las cotorras

Si la respuesta es “filosofía sí, pero solo un par de horitas en 3º medio y 4º medio”, es decir, si mantenemos lo que ya hoy existe en el sistema, o si lo mermamos a tan solo una hora en 4º medio, será, pues, que los tecnócratas del currículum nacional no han entendido nada. Y no hablemos solo de filosofía, hablemos de las artes y las humanidades, hablemos de la posibilidad de que –muy a pesar de nuestro petit Céline– el acceso a la belleza y al pensar sea un asunto público. En este sentido, ¿no es posible pensar que la filosofía, las artes y las humanidades ocupen un rol central en todo el currículum de una buena vez y como Dios y la Razón mandan, desde 1º básico hasta 4º medio?

Después de un par de semanas de completa desorientación, el Ministerio de Educación se rinde a la racionalidad y echa pie atrás a la eliminación de Filosofía. Se trataba de una medida que recibió el rechazo completo y transversal de intelectuales, artistas, profesores o estudiantes, rechazo producido en efecto por el despropósito evidente que entrañaba para el sentido de la educación misma.

Ayer, la ministra de Educación, Adriana Delpiano, en un inserto pagado en varios medios, dejó definitivamente sin efecto la polémica propuesta: “No se eliminará la asignatura de Filosofía de la formación general del currículum de 3º y 4º medio”, decía con todas sus letras.

Llamemos a la causa de este pequeño gesto político “efecto cotorras”. Lo digo a propósito de una muy bien escrita pero furiosa y extraviada opinión de Leonardo Sanhueza –poeta y columnista de LUN– que denominó “cotorras” a todos aquellos que opinaron sobre este tema defendiendo la Filosofía, producto, según él –un hombre al parecer muy bien informado y letrado–, de puros rumores. Molesto, nuestro petit Céline nacional, se quejó en su columna de que “… todo el mundo anda demasiado saltón. A cada rato surge un motivo para vaciar la hiel y eructar algún alegato con el mismo sonsonete displicente que antes era privativo de los taxistas”.

Pues bien, las cotorras han tenido un pequeño triunfo. No obstante, como se ha dicho, el problema es mucho más profundo.

En primer lugar, se hizo evidente un eslabón más del maltrato al que se viene sometiendo a la educación pública, a su sentido, digamos, republicano.

En segundo lugar, mostró la peor cara de la tecnocracia curricular que campea en la mentalidad y en los instrumentos neoliberales que tiene el Mineduc a su disposición como política pública.

En tercer lugar, releva la mala sintonía que se tiene, en la burocracia estatal, con los factores sociales más cualitativos que configuran la experiencia escolar.

En cuarto lugar, puso en evidencia una sensibilidad respecto a lo que se entiende por “calidad de la educación”, más allá de la estandarización que sufre el sistema escolar, es decir, respecto a lo que se entiende por lo que se aprende (básicamente a responder test) versus a lo que se desea que se aprenda en vistas al bienestar individual, a la justicia social, o a los fines valóricos que como sociedad o individuos aspiramos. La discusión en torno a la calidad de la educación es sobre todo una discusión respecto a fines y no respecto a estándares cuantitativos para la elaboración de listas de rankings.

Por esta razón, la cuestión aún no está del todo resuelta. Si la respuesta es “filosofía sí, pero solo un par de horitas en 3º medio y 4º medio”, es decir, si mantenemos lo que ya hoy existe en el sistema, o si lo mermamos a tan solo una hora en 4º medio, será, pues, que los tecnócratas del currículum nacional no han entendido nada. Y no hablemos solo de filosofía, hablemos de las artes y las humanidades, hablemos de la posibilidad de que –muy a pesar de nuestro petit Céline– el acceso a la belleza y al pensar sea un asunto público. En este sentido, ¿no es posible pensar que la filosofía, las artes y las humanidades ocupen un rol central en todo el currículum de una buena vez y como Dios y la Razón mandan, desde 1º básico hasta 4º medio?

La filosofía, las artes y las humanidades no están solo al servicio de ciertas élites, cualquiera sea la composición de ellas, elites socioeconómicas, élites religiosas, élites políticas, élites culturales, y menos para las élites editoriales, de vanguardias literarias, pictóricas o lo que sea. La filosofía, las artes y las humanidades son un asunto público, para todos, de todos, incluso para las cotorras o los taxistas… también, obvio, para petit Céline.

La filosofía desde la escuela primaria debiese ser pensada muy seriamente, lo que conocemos como “Filosofía para niños”. Ahí están para corroborarlo las interesantes perspectivas filosóficas y pedagógicas de Jacques Lévine, Matthew Lipman, Michel Tozzi, Oscar Brénifer, de Marc Sautet o Jean-François Chazerans.

La afirmación de que los niños también pueden filosofar es sin duda maravillosa y cambia por completo la perspectiva que tenemos también de ellos, los niños y las niñas, a veces demasiado cercana a lo que afirmaba Platón en Las Leyes, cuando los denominó “bestias salvajes”. Pues bien, hoy sabemos que hasta las bestias salvajes, “las cotorras”, pueden filosofar. Filosofía sí, pero en serio.

Fuente: El mostrador

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