No más filosofía: la paradoja de la mala educación

¡Sucedió algo increíble!, el Ministerio de Educación propone eliminar las clases de filosofía del plan común de la enseñanza media, y disminuir las horas del ramo de historia (de la que el viejo Cicerón decía “historia magistra vitae”; es decir, “la historia es la maestra de la vida”), reemplazándolas por una indefinida asignatura de “educación ciudadana”. ¡Eso es como poner la carreta delante de los bueyes!
Los diversos medios de comunicación y redes sociales están llenos del rechazo de educadores, decanos y académicos de educación y de filosofía de diversas universidades, premios nacionales de humanidades y ciencias sociales, etc., a esta increíble propuesta que es la guinda de la torta en el desmantelamiento de la calidad de la educación en función de un currículo utilitarista que privilegia la empleabilidad y capacitación en competencias para un sistema productivo.
Probablemente, el atento lector de estas líneas escritas con perplejidad y algo de irritación, recordará que en tercero medio tuvo conocimiento de cómo pensamos los seres humanos, que somos sujetos sicosociales, del significado de la sexualidad en nuestra vida, y qué significa el bienestar sicológico de la persona. Seguramente, el profesor le hizo hacer ejercicios de lógica (esa que tanto se echa de menos en algunos diálogos y debates públicos), ayudándole a tomar conciencia que hay modos correctos de razonar y otros que conducen a falacias. El atento lector recordará que así fue abriéndose a la complejidad de la condición humana y a sus preguntas fundamentales, comprendiendo que en la vida de las personas que no todo se resuelve con los indicadores económicos o el cálculo de las tecnologías (el cálculo bien hecho, se entiende; no como el del puente Cau Cau y otros ejemplos de cálculos mal hechos).
También, probablemente, recordará que en cuarto medio, el profesor les habló y les hizo leer textos de “La Política” de Aristóteles y de “La República” de Platón, así como Descartes y Kant, y comenzó a dialogar con la historia del pensamiento, a comprender mejor qué significa la búsqueda del sentido de la vida y qué es el bien común. Probablemente, recordará que el profesor les ayudó a reflexionar acerca del análisis ético en debates sobre diversos temas (eliminar la filosofía es eliminar el lugar del análisis ético, ¡oh paradoja!, en medio del vacío ético en que vive nuestra sociedad).
Por cierto que es muy necesaria la “educación ciudadana” (especialmente desde que se eliminaron las clases de educación cívica), pero ésta no es posible en personas que no desarrollan el rigor del pensamiento lógico, la capacidad de reflexionar críticamente y superar el pensamiento estandarizado, la búsqueda de fundamentos que permite dar razón de lo que se piensa y quiere, el cultivo del análisis ético. Sólo si se busca formar así a las nuevas generaciones puede haber una ciudadanía responsable y participativa.
La enseñanza de filosofía desarrolla una función de criticidad, mediante la cual la persona se libera de engaños, lugares comunes y prejuicios. La filosofía desenmascara la ideología dominante en los sistemas políticos, económicos o culturales que, bajo capa de ideología legítima, mantienen intacta una estructura social injusta.

La prensa Austral

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