La nueva cumbia es el nuevo rock (Tema Para debatir)

El día 24 de Julio de 2016, en el diario La Tercera, se publica el siguiente articulo, los invito a leer el reportaje y a formarse una opinión, se les invita también  a dejar su opinión escrita si es que se animan. Y debatir en torno a la música actual, que se está ofreciendo en Chile, ¿Será la cumbia actual, el reemplazante del Rock de los 90? ¿Es la voz de los que no tienen voz y la forma de hacer visible las necesidades de la gente? Dejen sus comentarios.

La música tropical que explotó este siglo con Chico Trujillo o Guachupé luce hoy la convocatoria, la actitud y la fanaticada que antes tuvo el rock.

Escena de un show de Chancho en Piedra en los 90: cientos  de militantes marchan como pingüinos en la Antártida, acarreando toda clase de artefactos dedicados al grupo y levantando una hermandad inimitable. Escena de un show de Guachupé en los 2000: cientos  de militantes marchan como pingüinos en la Antártida, acarreando toda clase de artefactos dedicados al grupo y levantando una hermandad inimitable.

La vida es circular y la música aún más. El fenómeno bautizado como la nueva cumbia chilena -nacido a principios de siglo como un estilo que exhibe fusión con otros ritmos, pólvora política y actitud indie- se ha transformado por lejos en el más convocante de la escena local y ha llenado el lugar que el rock ocupaba hasta hace un par de años. “Hoy el rock es la cumbia. El ser rockero es ser cumbiero, porque el rock no convoca como lo hacemos nosotros. Es cosa de ver como los bares de rock dieron paso a los lugares de cumbia”, se suma Rodrigo Medel, de Tomo Como Rey.

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Ante bandas rockeras que se desintegraron (Los Bunkers), algunas cuya pausa hizo menos permanente su arrastre (Weichafe), y otras cuyo público se ha hecho más adulto (Sinergia, Chancho en Piedra), los conjuntos tropicales son prácticamente los únicos capaces de repletar recintos como el Caupolicán y el Movistar Arena, de articular en sus letras el pulso de la calle y de generar un vínculo con el público parecido a la fraternidad. Aún más: lucen victorias tanto o más voluminosas que sus coetáneos del nuevo pop chileno, esa camada integrada por Gepe o Dënver que ha ganado la representatividad de la música local en la nueva era.

Nelson Alveal, de Guachupé, otro de los emblemas, profundiza: “Los medios y la industria siempre llegan con retraso. Uno podría relativizar los conceptos de under y masividad: ¿quién es más under, Javiera Mena que hace un Caupolicán, o Santa Feria que va a llenar un Movistar Arena? Hay grupos con mucha repercusión en los medios, pero no tienen una representación real en la cantidad de público”.

La nueva cumbia empezó a advertir su potencial a principios de este siglo, cuando los pioneros -Chico Trujillo, Juana Fe, Banda Conmoción, La Mano Ajena, Villa Cariño- encontraron en recintos más bohemios y menos acicalados, como el Galpón Víctor Jara o el bar Las Tejas, a una audiencia juvenil que quería bailar, pero sin olvidar su gusto por el punk o el ska, y que demandaba un contenido mayor a un sonido siempre escapista.

“Esa fue la clave: la cumbia de siempre era puro amor y fiesta, y faltaba una propuesta que fuera una descarga social. Pasarlo bien con contenido. Y esa fue la mezcla perfecta: hacer música bailable cruzada con rock o reggae, más amplia, pero que mantuviera ese sentido humilde de la cumbia, que finalmente te deja hacer lo que quieras”, dice Alonso González, líder de Santa Feria, grupo que el 5 de agosto estará en el arena del Parque O’Higgins -llevan 8 mil entradas vendidas- y que tiene temas alusivos a la legalización de la marihuana y a los gobiernos de Piñera y Bachelet. “A diferencia del rock, la cumbia es mucho más democrática, no discrimina ni crea estereotipos”, refuerza Medel.

Otros músicos creen que la fortaleza de este cancionero se explica precisamente en su cuna en espacios normales y sin mayor pompa, con músicos sin ninguna formación académica y adscritos a la autogestión. “Aquí no hubo una marca, ni productores imponiendo una tendencia”, subraya Alveal. De hecho, Guachupé cuenta con una comunidad de fans que los sigue a todos lados, portando poleras, paraguas, lienzos y banderas con los símbolos del grupo, a la usanza de las barras futboleras. La marca deportiva Lotto se fijó en ellos y a la fecha ha vendido cerca de 2.500 camisetas, bajo un logro rotundo: las poleras de Guachupé se compran más que las de muchos clubes de fútbol. Otros, los Combo Tortuga -que cuentan con fanáticos bautizados como Tortucabros o Tortuebrios- ganaron el reciente premio Pulsar a Artista del año y sus temas están entre lo más escuchado de Spotify Chile. Ha salido un nuevo estilo de baile y ya todos lo saben.

Autores: Claudio Vergara y Andrés del Real

Link, La Tercera.

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