Meritocracia

La condición humana es la pluralidad. No hay una meritocracia porque no hay UN único valor de excelencia posible. Todos somos diferentes pero todos tenemos derecho a aspirar y contribuir a una buena vida.

El editor de este excelente sitio de noticias y discusión me envió este aviso publicitario o como cuando decíamos de chicos, “propaganda”. (El editor de este excelente sitio ya no es más mi amigo, debemos decir.)

Frente a algo tan egregio la pregunta que se presenta clara y distinta a la mente del analista es, por supuesto, “¿qué diría Aristóteles?” (¿Ustedes no se preguntan lo mismo a cada paso?) Y Aristóteles tiene mucho para decir de este tema (como de todos los otros.)

Todo el tema de la meritocracia es la preocupación central de la filosofía aristotélica. La pregunta que le preocupa a Aristóteles, siguiendo a su maestro Platón es quién debe gobernar la ciudad para que esta funcione bien. Analíticamente, Aristóteles diferencia tres tipos ideales de gobierno: la aristocracia, la politeia (traducida como república) y la monarquía. En el primer tipo, gobiernan los mejores, los más virtuosos, los más preocupados por el bienestar común y los menos preocupados por sus intereses individuales, lo más educados y ejemplares de los ciudadanos; en el segundo, gobierna una pluralidad formada por la clase media; en el tercer caso, gobernaría una única y virtuosa persona, el rey. Cada uno de estos tipos ideales puede y suele de hecho degenerar en un tipo degradado: la oligarquía, la democracia y la tiranía.

Voy a volver sobre la oligarquía luego, porque antes me interesa lo que tiene para decir sobre la aristocracia el Estagirita. Muchos, dice Aristóteles (y por “muchos” quiere decir “Platón”, su maestro y frenemy teórico) suponen que los seres humanos debemos aspirar al gobierno de los mejores. Una meritocracia, bah. ¿Quién no querría vivir en una meritocracia? ¿No sería acaso el mejor reǵimen aquel en que los mejores gobiernen con rectitud y orientación hacia el bien común. Para nada, dice Aristóteles. La meritocracia no es el mejor régimen posible, o lo es sólo de manera teórica.

Aristóteles va más allá de la idea platónica de que la meritocracia, aunque deseable, es imposible en la práctica. La aristocracia no es el régimen por el que debeŕiamos rezar a los dioses.  La aristocracia, de poder construirse, destruiría a la ciudad. Si existiesen personas tan excelentes, cultivadas, virtuosas orientadas como las que gobernarían una aristocracia, ellas en un sentido ya no serían humanas.

«Pero si hay alguno que haga gran ventaja en el exceso de la virtud, o si fueren más de uno, (…) estos tales, si muchos fueren, o este tal, sí fuere uno, ya no se ha de tener por parte de la ciudad. Porque siendo tan desiguales en virtud y en la civil potencia, recibirán notable agravio siendo juzgados por dignos de iguales cosas ; porque a un hombre como éste lo habremos de tener como a un dios. De aquí se colige que las leyes han de dictarse para los que son iguales, así en linaje como en poder ; pero para semejantes hombres no hay necesidad de leyes, pues ellos son la misma ley, y mucho daría que reír el que intentase sujetarles a una ley, porque repetirían lo que Antístenes dijo que respondieron los leones cuando los conejos tenían su concejo y determinaban que todos tuviesen dignidad igual. Por esto, las ciudades que tienen gobierno popular han establecido el ostracismo para casos semejantes. (Capitulo IX) »

La condición humana es la pluralidad: somos todos diferentes, algunos más inteligentes, otros menos, otros dedicados al arte, otros al deporte. No hay una meritocracia porque no hay UN único valor de excelencia posible. Todos somos diferentes pero todos tenemos derecho a aspirar y contribuir a una buena vida. La buena vida es aquella en que todo el mundo puede participar en el autogobierno y aportar lo que tiene y sabe. Además, una persona puede ser excelente en una actividad o en otra pero ningún ser humano puede ser excelente en todas. Si una persona es excelente haciendo negocios, ¿merece por eso ser gobernante automáticamente? ¿Un gran deportista es mejor que un gran cocinero? ¿Un gran maestro peor que un gran ingeniero?

El tema no es sólo la meritocracia (que además, repetimos, es siempre parcial) sino también la justicia. No es posible una buena ciudad sin excelencia, pero mucho menos una ciudad en donde grupos enteros son supuestos de poder aportar a lo público desde una posición no subordinada

María Esperanza Casullo

Notas:

Fuente:  http://nueva-ciudad.com.ar/notas/201605/25943-meritocracia.html

14 de mayo de 2016. ARGENTINA

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